Octubre8
La vida (o algo parecido)
Intercalo la amorosa poesía de Sabines en Martes con los amores ridículos de Kundera para el Sábado.
Estoy en Jueves preguntándole al Polvo porque no hay naranjas y quisiera que un tal Bandini me diera las que el ya no apetece (porqué está harto de ellas) y sin embargo tengo nada y ningún cigarrillo que prender porque no he aprendido ni a fumar ni a conducir el auto negro que, sereno, espera estacionado en el rincón oscuro del jardín.
The life or something like it es la pauta del día de hoy para cuestionarme cómo el personaje que Angelina Jolie interpreta en esta película y definir qué es vida.
Y si despierto a las 11:00 a.m. con el vago sabor de una inquietante pesadilla en la que me sumergí pudiendo mejor creer que los brazos de Morfeo son tonificados y varolines cómo los de Brad, es que, definitivamente, estoy perturbada por tanto celuloide y por tanta publicidad, por tanto tabloide amarillo y por tanto trillado cielo azul…
Alguna vez, hace unos tres años, escribí de forma más amarga y menos pesimista, porque la amargura eclipsaba el pesar, que son cosas distintas, aunque primas hermanas.
Escribí en aquel tiempo que mi vida era una dona: hoyo en medio, mordidas a los lados; y hoy ésta película hace la analogía fugaz y muy estadounidense del vacío de la vida como el hueco de la rosquilla que devora Homero Simpson.
Angelina le dice a su amigo que está oficialmente muerta: sin novio, sin trabajo y él le dice que defina muerte, y que si realmente considera que no tener trabajo ni novio es no tener vida.
Yo antes pensaba que ser una belleza salida del pincel de Botero, no tener trabajo (no el trabajo anhelado ) ni ocupaciones y estar lejos y cerca me hacían miserable, pero ahora creo que quizás podría estar ultra liviana, con trabajo y ocupaciones y me sentiría igual.
Porque no es lo que tenemos
ni tampoco lo que carecemos
No es el vaso vació y tampoco el vaso lleno.
Simplemente: es el vaso.
Importa tener uno donde poder verter algo, llamémosles sueños, emociones, experiencias, sabores de todos colores.
Antes de Sabines, no había querido nadar en la solemnidad que me provocaba (mera ulterior percepción ) la palabra poesía.
Yo, siempre ligera, aliviaba la carga del calendario con hojas de libros que me hacían sentir libre, desposeída de demonios que razonan y te dicen que es Lunes y esperan responsabilidades.
Leer una novela me hacia sentir desenfadada:
No era necesario conocer todas las palabras y formas para comprender porqué Humbert Humbert tiene esa reprobable fascinación por aquella nínfula de 1.50 sin un calcetín.
Así que leer poesía me hacía sentir obligada a un nivel que no creía sostener ni querer.
Pero un día un Yo no lo sé de cierto me atrapó y luego un Despierta estás muriendo me enganchó cuando un Espero curarme de ti me dijo que la poesía no era un señor de traje con enjuto rostro y acento inglés; ni una recta e intensa Sor Juana con cabellos cortos e ideas largas. Ése día supe que la poesía era, y nos hacía tan libres como la libertad que José Martí dijo daba la cultura.
Y yo sola aquí, sigo y parafraseo al responsable de mi acercamiento a la libertad porque bien sé y bien me sabe aquello de que “La soledad es rica en Amapolas”.